domingo, abril 27, 2014

Papa Francisco declara Santos a Juan Pablo II y Juan XXIII



El Papa Francisco declaró hoy santos a los papas Juan Pablo II y Juan XXIII, los grandes Pontífices del Concilio Vaticano II. A continuación presentamos la fórmula completa con la que el Santo Padre elevó a los altares a ambos:

“Por honor de la Santísima Trinidad,

exaltación de la fe católica

y el incremento de la vida cristiana,

por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo 

y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra

luego de una adecuada deliberación 

y tras frecuente oración pidiendo la asistencia divina

y habiendo recibido el consejo de muchos de nuestros hermanos obispos

declaramos y definimos Santos a los Beatos

Juan XXIII

y Juan Pablo II

y los inscribimos en el libro de los santos

y establecemos que en toda la Iglesia ambos sean devotamente honrados

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.



El proceso de canonización de Juan Pablo II culminó con la aprobación del milagro atribuido a su intercesión: Floribeth Mora se curó de un aneurisma cerebral el día de la Beatificación de Juan Pablo II. Sin embargo, en el caso de Juan XXIII el Papa Francisco decidió que se celebrara su canonización sin necesidad de tener que documentar un milagro. 

Hoy 27 de abril, dos semanas después de la Semana Santa, es el segundo domingo de Pascua y se celebra la fiesta de la Divina Misericordia, una celebración instaurada por Juan Pablo II. Además, en el año 2005 la muerte del papa coincidió también con esa festividad.

Una fecha simbólica:
La fecha es simbólica porque coincide con la conmemoración del Domingo de la Divina misericordia, fiesta litúrgica ligada al papa Juan Pablo II por varios motivos: porque él mismo la instituyó, porque falleció el día en que ese año- 2005- la Iglesia la celebraba, y porque su Beatificación se celebró también el Domingo de la Divina misericordia. 

El Papa "bueno":
Juan XXIII fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000, junto a Pío IX, y otros tres servidores del Evangelio en el ministerio y en la vida consagrada: el arzobispo de Génova Tomás Reggio, el sacerdote diocesano Guillermo José Chaminade y el monje benedictino Columba Marmion. Juan Pablo II describió a Juan XXIII, durante la homilía de beatificación, como "el Papa que conmovió al mundo por la afabilidad de su trato, que reflejaba la singular bondad de su corazón". Y es que en menos de 5 años de pontificado, el anciano prelado de Bérgamo había llegado al corazón de todo el mundo, debido a la sencillez de sus gestos y de sus palabras. 

Juan Pablo II:
Seis años y un mes después de su muerte, Juan Pablo II fue beatificado. El Papa Benedicto XVI fijó la fecha de su memoria litúrgica el 22 de octubre. En la homilía de la ceremonia de beatificación, Benedicto XVI dijo que desde el día de su fallecimiento, "percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato".



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miércoles, abril 23, 2014

LOS PROTOCOLOS DE ABORTO MATAN, NO SALVAN VIDAS

Conferencia Episcopal Peruana



Los protocolos de aborto matan, no salvan vidas


Los Obispos del Perú, ante la posibilidad de que se apruebe el Protocolo de Aborto Terapéutico (PAT), consideramos un deber expresar nuestra defensa por aquel que tiene derecho a nacer.

1.      El PAT no es necesario. Dos informes, uno del Hospital Cayetano Heredia y otro del Instituto Nacional Materno Perinatal así lo demuestran. Estos dos hospitales son centros de referencia para atender casos complicados de embarazos y partos. El informe del Hospital Cayetano del 12 de mayo del 2012 refiere que tiene un PAT desde el 2010 “pero hasta la fecha no se ha realizado ninguna terminación del embarazo amparado en este protocolo”. Es decir, ningún caso en aproximadamente dos años. El segundo informe data del 27 de junio del 2012 y señala que se atendió a 38.962 embarazadas y solo tuvieron 23 (0.05%) terminaciones de embarazo, pero ninguna por las razones consignadas en el PAT. Todas fueron por “diagnóstico ecográfico de malformaciones congénitas incompatibles con la vida”, es decir, abortos eugenésicos. Los casos citados demuestran lo innecesario de aprobar el PAT.

2.      Con el avance de la medicina actualmente no existe ninguna patología de las contenidas en el PAT que no pueda atenderse con un  tratamiento que permita un resultado satisfactorio para las dos vidas, la de la madre y la del niño. Preocupa más bien la absoluta indiferencia que evidencia el PAT respecto del derecho a la vida del niño por nacer, derecho que está reconocido, no solo en Convenios Internacionales de los cuales el Perú forma parte, sino también en nuestra Constitución Política y en pronunciamientos vinculantes del Tribunal Constitucional.

3.      El PAT no tiene base jurídica para ser emitido por una Resolución Ministerial. El Informe N° 03-2013-JUS/DGDH, elaborado el 29 de abril de 2013 por el Ministerio de Justicia, no cumple con la objetividad propia de un informe jurídico de un organismo público, que quiere encontrar la verdad y resolver a partir de ella. Dicho informe omite, insólitamente, la sentencia del Tribunal Constitucional N° 02005-2009-PA/TC, a propósito de la denominada “Píldora del día siguiente” que, de manera explícita y detallada, se ha ocupado del derecho a la vida del concebido.

4.      El Ministerio de Salud debería preocuparse por los verdaderos problemas de la salud pública y no por alterar la protección constitucional del concebido a través de una norma de menor rango. Si aprobara el PAT es claro que no sería por necesidad de los peruanos sino para favorecer a las organizaciones promotoras del aborto, cuyo objetivo es aprobar un PAT para luego encubrir todo tipo de abortos, como lo han hecho en otros países.  

5.      La necesidad de los peruanos es que los niños de la sierra y la selva no mueran por falta de prevención básica, que las mujeres tengan mejores condiciones de atención en el parto, porque está demostrado que esa es la manera más eficaz de disminuir la mortalidad materna.

6.      Estamos a tiempo de prevenir un tremendo daño a la pacificación del país. Por eso queremos citar a la Madre Teresa de Calcuta, premio Nobel de la Paz 1979: “La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decirles a otros que no se maten? El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que se quiere. Es por eso que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto”. 

7.      Recientemente, más de 500.000 personas a nivel nacional participaron en la «Marcha por la Vida» en Lima, Arequipa, Chiclayo, Iquitos, Piura, Puno, Trujillo, y en otras ciudades del país, manifestándose en contra de todo tipo de aborto. Éste es el sentir de un país profundamente respetuoso de la vida y del valor que tienen tanto el niño por nacer como la madre. Legislar o actuar en contrario o consumar el PAT no contribuye a la unión que tanto necesitamos.

Lima, 23 de abril de 2014

Los Obispos del Perú

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martes, abril 22, 2014

Comunicado en respuesta a las declaraciones de Mario Vargas Llosa contra la Iglesia

Conferencia Episcopal Peruana



COMUNICADO

La verdad los hará libres (Jn 8, 32).

Con motivo del artículo publicado el pasado domingo en un diario de circulación nacional, en el que el Dr. Mario Vargas Llosa califica con adjetivos irrespetuosos a la Conferencia Episcopal Peruana, nos dirigimos a nuestros fieles y a la opinión pública para manifestar lo siguiente:

1. Como personas y como peruanos, los obispos del Perú tenemos el derecho y la libertad de expresar las enseñanzas de la Iglesia a nuestros fieles y a la opinión pública, con el respeto que siempre lo hemos sabido hacer; más aún cuando los temas tienen que ver con la dignidad de la persona y con su fin último que es la salvación, porque solo así se construye una sociedad justa y pacífica.

2. Insultar y ofender a quien respetuosamente manifiesta su propia opinión, en un país donde hay libertad de expresión, solamente porque no se está de acuerdo con sus ideas, no ennoblece a nadie, menos aún cuando en ocasiones como ésta, el Dr. Vargas Llosa, se arroga el derecho de guardián de la conciencia de los otros, asunto que supera su competencia.

3. Dialogar con respeto es democracia verdadera; la intolerancia y el insulto fomentan la violencia de la que ya soportamos abundantes muestras. Fomentar la paz con respeto mutuo y libertad es lo que verdaderamente hace noble a la persona.

El Perú al que amamos tiene derecho a ver fortalecida su institucionalidad, el transparente servicio a la verdad y la defensa de la dignidad de las personas.

Lima, 22 de abril de 2014

LOS OBISPOS DEL PERÚ

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domingo, abril 20, 2014

Domingo de Resurrección


"Al tercer día resucitó", en esta piedra angular se basa la fe cristiana. 
El Señor de la vida había muerto, pero ahora vive y triunfa.

El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

Éste es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

En la Resurrección la vocación cristiana descubre su misión: acercarla a todos los hombres.

El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. Por esta razón los cristianos con gran júbilo celebran este día la Misa Pascual del Domingo de Resurrección.

"En este día de tu triunfo sobre la muerte, que la humanidad encuentre en ti, Señor, la valentía de oponerse de manera solidaria a tantos males que nos afligen", clamó el jefe de la iglesia católica. 
(S.S. Juan Pablo II, 2004).

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sábado, abril 19, 2014

Sábado de Gloria - Bendición del Cirio Pascual


Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor nuestro. Guarda silencio para aprender del Maestro, al contemplar su cuerpo destrozado.

Cada uno de nosotros puede y debe unirse al silencio de la Iglesia. Y al considerar que somos responsables de esa muerte, nos esforzaremos para que guarden silencio nuestras pasiones, nuestras rebeldías, todo lo que nos aparte de Dios. Pero sin estar meramente pasivos: es una gracia que Dios nos concede cuando se la pedimos delante del Cuerpo muerto de su Hijo, cuando nos empeñamos por quitar de nuestra vida todo lo que nos aleje de Él.

El Sábado Santo no es una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Es necesario que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos.

El mundo tiene hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sabe. La gente está deseando que se le hable de esta realidad gozosa —el encuentro con el Señor—, y para eso estamos los cristianos. Tengamos la valentía de aquellos dos hombres —Nicodemo y José de Arimatea—, que durante la vida de Jesucristo mostraban respetos humanos, pero que en el momento definitivo se atreven a pedir a Pilatos el cuerpo muerto de Jesús, para darle sepultura. O la de aquellas mujeres santas que, cuando Cristo es ya un cadáver, compran aromas y acuden a embalsamarle, sin tener miedo de los soldados que custodian el sepulcro.

A la hora de la desbandada general, cuando todo el mundo se ha sentido con derecho a insultar, reírse y mofarse de Jesús, ellos van a decir: dadnos ese Cuerpo, que nos pertenece. ¡Con qué cuidado lo bajarían de la Cruz e irían mirando sus Llagas! Pidamos perdón y digamos, con palabras de san Josemaría Escrivá: yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad!

Se comprende que pusiesen el cuerpo muerto del Hijo en brazos de la Madre, antes de darle sepultura. María era la única criatura capaz de decirle que entiende perfectamente su Amor por los hombres, pues no ha sido Ella causa de esos dolores. La Virgen Purísima habla por nosotros; pero habla para hacernos reaccionar, para que experimentemos su dolor, hecho una sola cosa con el dolor de Cristo.

Saquemos propósitos de conversión y de apostolado, de identificarnos más con Cristo, de estar totalmente pendientes de las almas. Pidamos al Señor que nos transmita la eficacia salvadora de su Pasión y de su Muerte. Consideremos el panorama que se nos presenta por delante. La gente que nos rodea, espera que los cristianos les descubramos las maravillas del encuentro con Dios. Es necesario que esta Semana Santa —y luego todos los días— sea para nosotros un salto de calidad, un decirle al Señor que se meta totalmente en nuestras vidas. Es preciso comunicar a muchas personas la Vida nueva que Jesucristo nos ha conseguido con la Redención.

Es preciso hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas. Dar la vida por los demás. Sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una sola cosa con Él.





































































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